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Día Mundial de la poesía: poemas dedicados a las mascotas

dia mundial de la poesia

Este jueves 21 de marzo llega el equinoccio de primavera en nuestro hemisferio. Una fecha marcada en el calendario por la llegada de una tiempo más agradable como antesala del verano. No obstante, en este día también celebramos el día mundial de la poesía. Sí, en 1999 la UNESCO decidió que en este día se celebrase el género literario del verso, el ritmo y la rima.

Una celebración que invita a recalcar la importancia de la poesía en la cultura colectiva y en la diversidad de ésta. Por esta razón, en el Waskyblog de esta semana queremos celebrar este día a través de nuestra pasión: las mascotas. ¿Conocéis algún poema famoso sobre animales?¿Sabéis de algún poeta famoso que haya dedicado alguna de sus obras a alguna mascota? Pues si la respuesta es negativa, estáis en el sitio adecuado. A continuación os vamos a mostrar algunos poemas de grande literatos dedicado a los animales e incluso algunos, a sus mascotas ¡Empezamos!

Pájaro Azul | Charles Bukowski

Este poeta estadounidense y nacido en Alemania se caracteriza por su crudeza y su miseria. Algunos le tildaban de escritor maldito y oscuro pero también recibió muchas buenas críticas por su autenticidad en la escritura. En este poema hace una metáfora entre un pájaro azul y un yo interior que ahoga y no deja salir por miedo a destruir su imagen actual.

Hay un pájaro azul en mi corazón que

quiere salir

pero soy duro con él,

le digo quédate ahí dentro, no voy

a permitir que nadie

te vea.

Hay un pájaro azul en mi corazón que

quiere salir

pero yo le echo whisky encima y me trago

el humo de los cigarrillos,

y las putas y los meseros

y los dependientes de ultramarinos

nunca se dan cuenta

de que está ahí dentro.

hay un pájaro azul en mi corazón que

quiere salir

pero soy duro con él,

le digo quédate ahí abajo, ¿es que quieres

hacerme problemas?

¿es que quieres joder

mis obras?

¿es que quieres que se hundan las ventas de mis libros

en Europa?

Hay un pájaro azul en mi corazón

que quiere salir

pero soy demasiado listo, sólo lo dejo salir

a veces por la noche

cuando todo el mundo duerme.

le digo ya sé que estás ahí,

no te pongas

triste.

luego lo vuelvo a introducir,

y él canta un poquito

ahí dentro, no le he dejado

morir del todo

y dormimos juntos

así

con nuestro

pacto secreto

y es tan tierno como

para hacer llorar

a un hombre, pero yo no

lloro,

¿lloras tú?

Vicente Aleixandre sentía gran devoción por Siro | Fuente: Cátedra Poesía Española

Oda al Gato | Pablo Neruda

De Bukowski pasamos al gran Pablo Neruda. Y es que el idilio de éste con los animales siempre ha sido  siempre muy destacado. Siempre rodeado de ellos, dedicó varios versos tanto a sus perros como a sus gatos. En este caso destacamos Oda al gato, en el que lo define como “el ser de la perfección” y se deshace en alabanza hacia éste.

Los animales fueron

imperfectos,

largos de cola, tristes

de cabeza.

Poco a poco se fueron

componiendo,

haciéndose paisaje,

adquiriendo lunares, gracia, vuelo.

El gato,

sólo el gato

apareció completo

y orgulloso:

nació completamente terminado,

camina solo y sabe lo que quiere.

El hombre quiere ser pescado y pájaro,

la serpiente quisiera tener alas,

el perro es un león desorientado,

el ingeniero quiere ser poeta,

la mosca estudia para golondrina,

el poeta trata de imitar la mosca,

pero el gato

quiere ser sólo gato

y todo gato es gato

desde bigote a cola,

desde presentimiento a rata viva,

desde la noche hasta sus ojos de oro.

No hay unidad

como él,

no tienen

la luna ni la flor

tal contextura:

es una sola cosa

como el sol o el topacio,

y la elástica línea en su contorno

firme y sutil es como

la línea de la proa de una nave.

Sus ojos amarillos

dejaron una sola

ranura

para echar las monedas de la noche.

Oh pequeño

emperador sin orbe,

conquistador sin patria,

mínimo tigre de salón, nupcial

sultán del cielo

de las tejas eróticas,

el viento del amor

en la intemperie

reclamas

cuando pasas

y posas

cuatro pies delicados

en el suelo,

oliendo,

desconfiando

de todo lo terrestre,

porque todo

es inmundo

para el inmaculado pie del gato.

Oh fiera independiente

de la casa, arrogante

vestigio de la noche,

perezoso, gimnástico

y ajeno,

profundísimo gato,

policía secreta

de las habitaciones,

insignia

de un

desaparecido terciopelo,

seguramente no hay

enigma

en tu manera,

tal vez no eres misterio,

todo el mundo te sabe y perteneces

al habitante menos misterioso,

tal vez todos lo creen,

todos se creen dueños,

propietarios, tíos

de gatos, compañeros,

colegas,

discípulos o amigos

de su gato.

Yo no.

Yo no suscribo.

Yo no conozco al gato.

Todo lo sé, la vida y su archipiélago,

el mar y la ciudad incalculable,

la botánica,

el gineceo con sus extravíos,

el por y el menos de la matemática,

los embudos volcánicos del mundo,

la cáscara irreal del cocodrilo,

la bondad ignorada del bombero,

el atavismo azul del sacerdote,

pero no puedo descifrar un gato.

Mi razón resbaló en su indiferencia,

sus ojos tienen números de oro.

 

Elegía a la muerte de un perro | Miguel de Unamuno

Poeta destacado de la Generación del 98 y comprometido con su tiempo, Unamuno tuvo una faceta de su vida menos conocida en torno al amor por los animales. De hecho, fue uno de los pocos escritores de su época que escribió un poema relacionado con los animales. En concreto a los perros. En Elegía a la Muerte de un Perro se expresa el vacío ocasionado por la muerte de un perro. Unamuno fue un abanderado en la defensa de los animales y así lo expresa, no solo en este poema si no en varios relatos escritos a lo largo de su vida.

La quietud sujetó con recia mano

al pobre perro inquieto,

y para siempre

fiel se acostó en su madre

piadosa tierra.

Sus ojos mansos

no clavará en los míos

con la tristeza de faltarle el habla;

no lamerá mi mano

ni en mi regazo su cabeza fina

reposará.

Y ahora, ¿en qué sueñas?

¿dónde se fue tu espíritu sumiso?

¿no hay otro mundo

en que revivas tú, mi pobre bestia,

y encima de los cielos

te pasees brincando al lado mío?

¡El otro mundo!

¡Otro… otro y no éste!

Un mundo sin el perro,

sin las montañas blandas,

sin los serenos ríos

a que flanquean los serenos árboles,

sin pájaros ni flores,

sin perros, sin caballos,

sin bueyes que aran…

¡el otro mundo!

¡Mundo de los espíritus!

Pero allí ¿no tendremos

en torno de nuestra alma

las almas de las cosas de que vive,

el alma de los campos,

las almas de las rocas,

las almas de los árboles y ríos,

las de las bestias?

Allá, en el otro mundo,

tu alma, pobre perro,

¿no habrá de recostar en mi regazo

espiritual su espiritual cabeza?

La lenuga de tu alma, pobre amigo,

¿no lamerá la mano de mi alma?

¡El otro mundo!

¡Otro… otro y no éste!

¡Oh, ya no volverás, mi pobre perro,

a sumergir los ojos

en los ojos que fueron tu mandato;

ve, la tierra te arranca

de quien fue tu ideal, tu dios, tu gloria!

Pero él, tu triste amo,

¿te tendrá en la otra vida?

¡El otro mundo!…

¡El otro mundo es el del puro espíritu!

¡Del espíritu puro!

¡Oh, terrible pureza,

inanidad, vacío!

¿No volveré a encontrarte, manso amigo?

¿Serás allí un recuerdo,

recuerdo puro?

Y este recuerdo

¿no correrá a mis ojos?

¿No saltará, blandiendo en alegría

enhiesto el rabo?

¿No lamerá la mano de mi espíritu?

¿No mirará a mis ojos?

Ese recuerdo,

¿no serás tú, tú mismo,

dueño de ti, viviendo vida eterna?

Tus sueños, ¿qué se hicieron?

¿Qué la piedad con que leal seguiste

de mi voz el mandato?

Yo fui tu religión, yo fui tu gloria;

a Dios en mí soñaste;

mis ojos fueron para ti ventana

del otro mundo.

¿Si supieras, mi perro,

qué triste está tu dios, porque te has muerto?

¡También tu dios se morirá algún día!

Moriste con tus ojos

en mis ojos clavados,

tal vez buscando en éstos el misterio

que te envolvía.

Y tus pupilas tristes

a espiar avezadas mis deseos,

preguntar parecían:

¿Adónde vamos, mi amo?

¿Adónde vamos?

El vivir con el hombre, pobre bestia,

te ha dado acaso un anhelar oscuro

que el lobo no conoce;

¡tal vez cuando acostabas la cabeza

en mi regazo

vagamente soñabas en ser hombre

después de muerto!

¡Ser hombre, pobre bestia!

Mira, mi pobre amigo,

mi fiel creyente;

al ver morir tus ojos que me miran,

al ver cristalizarse tu mirada,

antes fluida,

yo también te pregunto: ¿adónde vamos?

¡Ser hombre, pobre perro!

Mira, tu hermano,

ese otro pobre perro,

junto a la tumba de su dios, tendido,

aullando a los cielos,

¡llama a la muerte!

Tú has muerto en mansedumbre,

tú con dulzura,

entregándote a mí en la suprema

sumisión de la vida;

pero él, el que gime

junto a la tumba de su dios, de su amo,

ni morir sabe.

Tú al morir presentías vagamente

vivir en mi memoria,

no morirte del todo,

pero tu pobre hermano

se ve ya muerto en vida,

se ve perdido

y aúlla al cielo suplicando muerte.

Descansa en paz, mi pobre compañero,

descansa en paz; más triste

la suerte de tu dios que no la tuya.

Los dioses lloran,

los dioses lloran cuando muere el perro

que les lamió las manos,

que les miró a los ojos,

y al mirarles así les preguntaba:

¿adónde vamos?

 

dia mundial de la poesía

Miguel de Unamuno fue uno de los primeros autores en defender los derechos de los animales | Fuente: ABC

A mi perro | Vicente Aleixandre

Si Unamuno fue un gran defensor de los animales, Aleixandre no se queda atrás. En A mi perro, nos descubre una perspectiva poética sobre su perro Siro, haciendo una oda sobre la grandiosidad del peludo. Una gran obra poética.

Oh, sí, lo sé, buen “Sirio”, cuando me miras con tus grandes ojos profundos.

Yo bajo a donde tú estás, o asciendo a donde tú estás

y en tu reino me mezclo contigo, buen “Sirio”, buen perro mío, y me salvo contigo.

Aquí en tu reino de serenidad y silencio, donde la voz humana nunca se oye,

converso en el oscurecer y entro profundamente en tu mediodía.

Tú me has conducido a tu habitación, donde existe el tiempo que nunca se pone.

Un presente continuo preside nuestro diálogo, en el que el hablar es el tuyo tan sólo.

Yo callo y mudo te contemplo, y me yergo y te miro. Oh, cuán profundos ojos conocedores.

Pero no puedo decirte nada, aunque tú me comprendes… Oh, yo te escucho.

Allí oigo tu ronco decir y saber desde el mismo centro infinito de tu presente.

Tus largas orejas suavísimas, tu cuerpo de soberanía y de fuerza,

tu ruda pezuña peluda que toca la materia del mundo,

el arco de tu aparición y esos hondos ojos apaciguados

donde la Creación jamás irrumpió como una sorpresa.

Allí, en tu cueva, en tu averno donde todo es cenit, te entendí, aunque no pude hablarte.

Todo era fiesta en mi corazón, que saltaba en tu derredor, mientras tú eras tu mirar entendiéndome.

Desde mi sucederse y mi consumirse te veo, un instante parado a tu vera,

Pretendiendo quedarme y reconocerme.

Pero yo pasé, transcurrí y tú, oh gran perro mío, persistes.

Residido en tu luz, inmóvil en tu seguridad, no pudiste más que entenderme.

Y yo salí de la cueva y descendí a mi alveólo viajador, y, al volver la cabeza, en la linde

vi, no sé, algo como unos ojos misericordes

y tú, ¿conoces más poemas sobre animales?

Tras este breve repaso, podemos decir que en la poesía universal mucho autores se inspiraron en los animales y en sus mascotas para escribir algunas de sus obras. Nosotros solo hemos hecho una pequeña aproximación. Por ello os preguntamos, ¿conocéis más poemas en torno al mundo animal? Queremos conocerlo 🙂

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